Articulo publicado en el Diario Información

Hace unos días el Ministerio de Sanidad publicaba una resolución por la que se modifican los formatos de antibióticos adecuándolos a las pautas clínicas habituales. Es decir, los envases de antibióticos llevarán el número de comprimidos o cápsulas necesarios para completar un tratamiento.

Fundamentalmente se eliminan del mercado los formatos de mayor tamaño. Se evitará así que “nos sobren pastillas”.

¿Por qué es importante esta medida?.

Porque esos excedentes en el hogar sirven, con bastante frecuencia, para automedicarnos en otro proceso infeccioso. Y estas prácticas favorecen la proliferación de bacterias resistentes a los antibióticos.

Esta medida se enmarca en el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN).

Actualmente participan en el PRAN todas las comunidades autónomas, diez ministerios (Sanidad, Consumo, Agricultura, Economía, Transformación Digital, Educación, Ciencia, Interior, Defensa y Transición Ecológica), más de 70 sociedades científicas, organizaciones colegiales, asociaciones profesionales, universidades, y alrededor de 300 colaboradores expertos.

Desarrollan una estrategia multisectorial que involucra a los principales actores de la salud humana, animal y ambiental, siguiendo la línea One Health.

Se trata de impulsar acciones para promover un uso más adecuado y responsable de los antibióticos.

Volviendo a la modificación de los formatos de los antibióticos, evitar que queden excedentes contribuye también a reducir el impacto de los residuos de estos medicamentos en el medio ambiente.

Hablemos de la “pandemia silenciosa”.

La resistencia a los antibióticos constituye una de las principales amenazas para la salud pública en Europa. Cada año causa alrededor de 35.000 fallecimientos en la Unión Europea.

Sobre este tema se pronunciaba, hace unos meses, la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP) con motivo del Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos.

Los pediatras hablaban que la resistencia a los antibióticos en Europa es preocupante, considerándola como una “pandemia silenciosa”.

Advertían que el arsenal terapéutico del que disponemos para tratar infecciones producidas por microorganismos resistentes a los antibióticos es limitado, especialmente en la edad pediátrica, por lo que es fundamental fomentar un uso sensato y responsable de estos fármacos.

Señalaban que, según datos de la Organización Mundial de la Salud, la resistencia de ciertos microorganismos a los antibióticos ha aumentado un 40% en los últimos cinco años. La AEP y la SEIP planteaban, entre otras medidas, el desarrollo de pruebas diagnósticas rápidas que nos orienten en la práctica clínica si es necesario pautar o no un antibiótico.

Las medidas a tomar nos incumben a todos, es una responsabilidad compartida.

Para que los antibióticos sean eficaces y seguros, es fundamental utilizarlos siempre siguiendo las indicaciones de los profesionales sanitarios: respetar la dosis y los días de tratamiento, aunque mejoremos antes de finalizarlo. Así se eliminan completamente las bacterias y se reduce el riesgo de que reaparezca la infección o de que se desarrollen bacterias resistentes al antibiótico.

Los antibióticos son de vital importancia para tratar infecciones causadas por bacterias. Pero si queremos que sigan siendo eficaces en el futuro hemos de ser rigurosos y usarlos de forma correcta y responsable.

El compromiso de todos es esencial para frenar la aparición de resistencias y garantizar que los antibióticos continúen siendo una herramienta segura y eficaz para tratar infecciones.

 

Artículo escrito por la Dra. Isabel Rubio